Cuando buscaba trabajo, necesitaba que fuera de mañana para poder compatibilizarlo con el colegio de mi hija. Llegué a aceptar trabajos con malas condiciones porque ese horario me permitía organizar sus cuidados.

Mi madre ya había cuidado de otros nietos y me había dicho que no podía contar con ella de manera continuada. Esa limitación formaba parte de mis decisiones. No podía elegir un trabajo sin pensar en lo que ocurriría después, cuando saliera mi hija del colegio.

Por eso quiero hablar de lo difícil que puede resultar saber qué quieres cuando llevas tiempo pensando, sobre todo, en qué puedes hacer.

A veces la pregunta llega en un momento sin mucho margen

«¿Qué te gustaría?» parece una pregunta sencilla. Pero si hay horarios, dinero y cuidados que resolver, quizá tu atención esté puesta en encontrar algo que funcione para todos esos condicionantes.

En mi caso, la compatibilidad era decisiva. No quiero contar aquellas elecciones como si hubiera tenido todas las opciones disponibles y simplemente no me hubiera atrevido a escoger otra. Había responsabilidades reales y un apoyo limitado.

Al mismo tiempo, también había necesidades mías: cuidarme, tener tiempo propio, sentirme valorada. Poder reconocerlas no hacía desaparecer las dificultades, pero hoy sé nombrar que estaban ahí.

Querer algo no obliga a resolverlo hoy

Me parece importante que podamos expresar un deseo aunque todavía no sepamos cómo hacerlo posible. «Me gustaría trabajar en mejores condiciones» puede convivir con «ahora necesito este horario».

Poner ambas cosas por escrito permite ver el conflicto sin concluir que una de las dos carece de importancia. Quizá el paso siguiente sea buscar información, preguntar por una alternativa o identificar qué apoyo faltaría para poder cambiar.

También puede ocurrir que hoy no haya un cambio viable. No quiero añadir culpa a esa situación. Esperar por necesidad es distinto de pensar que lo tuyo no merece ser considerado.

Separar lo que deseo, lo que necesito y lo que temo

Te propongo elegir una decisión concreta y escribir tres frases: «Me gustaría…», «Ahora necesito asegurar…» y «Me preocupa que…».

Después añade una cuarta: «Para tener más opciones necesitaría…». Puede aparecer una cuestión económica, ayuda con los cuidados o información que todavía no tienes.

Este ejercicio no decide por ti. Sirve para que la pregunta deje de ser únicamente «¿por qué no sé lo que quiero?» y puedas observar qué está haciendo difícil esa elección.

Mi historia me lleva a mirar las decisiones con ese contexto. Quiero que nuestros deseos puedan tener voz, incluso en las etapas en las que no podemos darles todo el espacio que necesitan.