Cuando digo «me abandoné», me refiero a una etapa en la que mi tiempo estaba dedicado al trabajo, a cuidar de mi hija y a atender mi relación de pareja. Quería llegar a todo y me sentía mal cuando no podía.
Echaba de menos cuidarme, disponer de tiempo propio, sentirme querida y valorada. Quería reciprocidad. También quería que me entendieran y sentir que era suficiente.
Estas siete señales parten de esa experiencia. No son una prueba para medir cuánto te cuidas; son maneras de reconocer algo que quizá te esté pasando.
1. Tu tiempo está repartido antes de preguntarte qué necesitas
Entre semana, mis días giraban alrededor del colegio, el trabajo, las comidas y los cuidados. Los fines de semana sin mi hija los dedicaba a mi pareja. Había poco espacio reservado para mí dentro de ese reparto.
2. Te sientes culpable en más de una dirección
Me sentía mala madre cuando no llegaba a todo. En mi relación a distancia, me sentía mal por no dedicar a la otra persona el tiempo que creía que necesitaba o merecía. Intentar atender una parte de mi vida no apagaba la culpa por la otra.
3. Dejas de atender tu propio cuidado
Esto es algo que reconozco claramente de aquella etapa: dejé de cuidarme como necesitaba. No hace falta convertirlo en una lista de hábitos perfectos. Importa poder identificar qué necesidad tuya lleva tiempo esperando.
4. Estás pendiente de alguien y echas de menos que lo esté de ti
Quería que me cuidaran también. A veces hablamos de autocuidado como si toda necesidad pudiera resolverse a solas. Yo necesitaba reciprocidad, afecto y sentirme valorada dentro de mis relaciones.
5. El esfuerzo no te hace sentir suficiente
De pequeña, sacar buenas notas o ser buena hija, hermana y nieta era «mi deber». Lo negativo se señalaba; lo que hacía bien se daba por hecho. Nunca sentí ese reconocimiento que echaba de menos.
Al ser madre, volvía a sentirme insuficiente incluso cuando organizaba mis decisiones alrededor del bienestar de mi hija. Las críticas por poner límites añadían más dudas. Esa sensación de esforzarme y seguir sin sentir que hacía las cosas bien me resultaba conocida.
6. Contentar a los demás ocupa demasiado espacio
Así lo describo ahora: me centré en contentar a los demás a costa de mi salud mental. Quiero mirar esa frase sin convertirla en otra acusación contra mí. Había falta de apoyo, preocupaciones y un deseo de sentirme querida.
7. Lo que necesitas te resulta más fácil de nombrar después
Hoy puedo decir con claridad que necesitaba tiempo, comprensión y cuidado. No siempre es igual de sencillo reconocerlo mientras estás intentando sacar adelante cada día. Mirar atrás también puede ayudarte a encontrar palabras para lo que ocurre ahora.
Una necesidad concreta para empezar
Si alguna de estas señales te resulta cercana, elige solo una. Escribe una situación reciente, qué necesitabas y qué lo dificultó. Después distingue qué podrías ajustar tú y para qué necesitarías que otra persona participara.
No todo depende de una decisión individual. Me gustaría que este ejercicio te ayudara a reconocer tus necesidades y también las condiciones en las que estás intentando atenderlas. Ambas cosas forman parte de la historia.